Águilas y Parque Regional de Cope-Calnegre
Mar, cielo y soledad
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La Marina de Cope y el cabo desde el repetidor.

Veinte kilómetros por el litoral salvaje de Lorca en un recorrido circular que une el Lomo de Bas, Calnegre y las playas del Garrobillo

Entre la bahía de Cope y el golfo de Mazarrón penetra en el mar el Lomo de Bas, una sierra solitaria poblada por tejones, zorros, perdices y águilas que resguarda uno de los últimos tramos intactos del cada vez más enladrillado litoral mediterráneo.

Tomando como base el repetidor del Lomo de Bas –se sube desde la aldea de El Cantar  por una empinada carretera–, es posible realizar una excursión circular de veinte kilómetros que nos va a descubrir rincones increíbles que sólo es posible conocer si estamos dispuestos a sudar. Si están muy en forma, prueben en bicicleta de montaña –tres horas mínimo–. Si no, andando. Y apunten, porque se van a divertir.

A partir del repetidor, subimos por un camino que conduce hacia otra antena más pequeña. Desde este punto tendremos unas vistas incomparables de la Marina de Cope y la costa mazarronera. Foto obligada. Seguimos hacia el este la senda abierta entre los matorrales y vamos perdiendo altura.

Después de un par de rampas empinadísimas caemos a una rambla que nos lleva hasta la carretera que conduce a Puntas de Calnegre. Llevamos 4 kilómetros, y después de otros dos nos salimos de la carretera hacia las playas de Calnegre, siguiendo los carteles señalizadores.

El camino, en buen estado pero con impresionantes sube y bajas, nos pasea por tres playas extraordinarias. Desde aquí –una cadena corta el camino a los vehículos a motor– comienza el tramo más espectacular de la excursión: los cinco kilómetros por estrecha senda que conducen hasta el cuartel de la Guardia Civil –en ruinas– de El Siscal. Aquí la soledad es absoluta y la belleza del paisaje... mejor compruébelo usted mismo.

El sendero está roto en dos puntos –uno, por la rambla que desagua en Cala Tocino; el otro, antes de bajar al cuartel–. Desde el edificio abandonado tenemos otros dos kilómetros de camino ancho antes de llegar hasta la rambla de El Cantar. Y desde aquí, otros dos kilómetros hacia la derecha, en ligera cuesta, hasta este caserío a los pies del Lomo de Bas –nuestro punto de partida nos espera cuatro kilómetros más arriba–. 

En fin: veinte kilómetros de emociones fuertes para excursionistas en buena forma física. Si usted no lo está apúntese ya mismo al gimnasio. Vale la pena.

(Publicado en 'La Verdad' el 16 de junio de 2006)
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