Águilas y Parque Regional de Cope-Calnegre
El secreto de los pescadores
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Bahía de Calabardina desde la falda de Cabo Cope.

Una senda penetra en la desconocida cara oeste de Cabo Cope

A pesar de que está sólidamente unido a tierra por su cara norte, casi podría decirse que Cabo Cope es una isla. Es lo que sucede con las montañas que se levantan sobre llanuras áridas: se convierten en un catálogo vegetal lleno de vida.

O sea, que a cuatro pasos de los chalés y el bullicio habitual de las urbanizaciones –en este caso, Calabardina, en Águilas–, uno puede sumergirse en cuestión de minutos en un mundo aparte donde crecen orquídeas, sabinas, falso enebro, acebuches, espino negro, cornicabra y bayón. Esta es la época, además, en la que comienzan a desperezarse las tortugas moras, que comparten parcela con el águila perdicera, el halcón peregrino, el búho real y... ¡el jabalí! Pues sí, que no se alarme nadie, pero está documentada la presencia de cochinos navajeros.

La forma habitual de acercarse a Cabo Cope es subir por su cara este, desde la torre, aunque existe una vieja senda de pescadores que nos permite abordar la inmensidad del cabezo desde la parte opuesta.

Hay que caminar desde la playa de Calabardina y buscar una senda que nos lleva hasta un gran pilón señalizador. Desde aquí, el estrecho camino va abrazando el monte, subiendo y bajando ligeramente, hasta que termina junto al mar –aquí bravo, casi siempre–, sobre unas plataformas calizas ideales para pescar a los sargos.

¿Se anima? 
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