Miguel Ángel Ruiz Parra. Informo sobre medio ambiente. También opino y creo que me mojo, pero prefiero aportar datos y documentos. Entre el campo y la redacción, siempre persiguiendo noticias. Soy jefe del área de Sociedad y Cultura de La Verdad.




¿Otra gestión del agua es posible?
( 4 Votos )
22.03.14 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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ILUSTRACIÓN: FOTOLIA 

Otro día mundial, hoy mismo, en este caso el del agua; ese fluido incoloro, inodoro e insípido que, auguran, desencadenará las guerras del futuro. Ojalá no sea así. Acostumbrados como estamos a los debates de blanco o negro, a la desinformación y a la manipulación política, creo que es importante escuchar con atención a los que saben, como las profesoras de la Universidad de Murcia (UMU) María Rosario Vidal-Abarca y María Luisa Suárez Alonso, dos expertas en hidrología que ya han pasado por el blog en alguna otra ocasión y que ayer publicaron en 'La Verdad' este interesante artículo que recupero aquí. Todo vuestro:

El agua, nuevos enfoques para escenarios de futuro


Por María Rosario Vidal-Abarca (catedrática de Ecología de la UMU) y María Luisa Suárez Alonso (profesora de Ecología de la UMU)

La edición de 2014 del Día Mundial del Agua está dedicada al tema ‘Agua y energía’, ya que la generación de energía necesita del agua, y sin agua no hay energía. Aun así, disponemos de fuentes alternativas de energía, y no del agua. Con ella no hay retorno pues, como recoge la sabiduría popular, «el agua si no es buena, no es agua». Se habla de la crisis del agua y de su progresivo agravamiento a causa de un previsible incremento de la sequía, traducido en menos lluvias y más calor, un cambio en el modelo de precipitaciones, más abundantes en los extremos estacionales y con la caída de grandes cantidades difíciles de absorber por la tierra. Pero no podemos hablar del agua en un contexto aislado de los ecosistemas.

La evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España (EME   www.ecomilenio.es) ha puesto de manifiesto, a través de datos empíricos, cómo los diferentes componentes del bienestar de los habitantes dependen, en gran parte, de la capacidad de sus ecosistemas y su biodiversidad, de generar servicios de abastecimiento, de regulación y culturales a la sociedad. Existe, cada vez más, un consenso desde distintos foros científicos y políticos en la necesidad de un nuevo paradigma en las relaciones naturaleza-sociedad, en el que la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad no deben ser concebidas como un lujo de sociedades desarrolladas, sino como una necesidad urgente para afianzar el bienestar humano de toda su población.

Uno de los principales resultados de la evaluación de los EME (2011) es que los tipos de ecosistemas que más se han erosionado por el efecto sinérgico de los impulsores (tanto directos como indirectos) son los ecosistemas acuáticos continentales del interior. Los ríos y, fundamentalmente, sus riberas han perdido gran parte de su capacidad de generar servicios de abastecimiento esenciales (como es el suministro de agua) y servicios de regulación (como el control de la calidad del agua o la minimización de los efectos de las inundaciones).

Los ríos españoles proporcionan anualmente más de 110.000 hm3  de agua y la recarga anual a los acuíferos se estima en unos 30.000 hm3. En algunas cuencas se ha sobrepasado su tasa de renovación y la disminución del servicio de abastecimiento de agua es evidente, recurriendo a tecnologías caras y complejas para incorporar agua dulce, bien por desalación o desde otras cuencas (trasvases de agua). El capital natural que suponen los ríos y riberas está siendo forzado para aumentar los servicios de abastecimiento. Por ejemplo, la energía hidráulica en España prácticamente ha llegado a un nivel máximo (36.568 GW/h producidos en el 2010). La agricultura de regadío, que actualmente ocupa una superficie de 3.401.458 ha (6,7 % de la superficie total de España), no aporta más de 1 € por m3 de agua utilizada del VAB (valor añadido bruto) a precios de mercado.

Más de la mitad del agua necesaria para producir servicios de abastecimiento de alimentos que se consumen en España procede de otros países. En concreto, España importa, en forma de productos agrícolas, unos 20.000 hm3 de agua: más cantidad de la que se utiliza en España en agricultura (17.346 hm3 en el año 2008). En este sentido, España es un importador neto de agua virtual, es decir, agua generada en otras partes del mundo y transformada en alimentos que se consumen lejos del lugar de origen. De hecho, somos uno de los países europeos que mayor huella hídrica presenta (2.325 m3/habitante/año; 6.000 l/día), lo que nos hace especialmente responsables del deterioro de los ecosistemas acuáticos de otros países.

En la evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España se ha puesto de manifiesto que, de todos los servicios que los humanos obtenemos de los ecosistemas, el agua es, probablemente, el más vital y al que más fácilmente se suele desvincular de su ecosistema. El agua es tratada como un ‘recurso’ que se extrae, se consume, se valora en términos económicos, se planifica su uso y se recicla, de modo similar al tratamiento que se hace de otros recursos como el petróleo o el carbón. Incluso en el ámbito científico-técnico, los objetivos de investigación se centran fundamentalmente en cómo obtener mayor cantidad de agua, cómo distribuirla mejor, cómo optimizar su uso, y cómo descontaminarla, pero pocas veces en analizar las estrechas relaciones que existen entre los ecosistemas acuáticos y sus cuencas de drenaje, priorizando el análisis de las interacciones sociedad-naturaleza e indagando sobre técnicas innovadoras que contribuyan a un aprovechamiento más sostenible de los servicios que proporcionan los ecosistemas acuáticos.

Tal es la simplificación y banalización que se ha hecho del agua que, aún hoy, se percibe como un ‘recurso’ fuera de su entorno natural, se obvia cómo y dónde se genera, qué procesos la mantienen limpia, y cómo el ciclo hidrológico, que opera a distintas escalas espaciales y temporales, la devuelve día a día conectando todos los ecosistemas.

En el año 2000 fue aprobada por la UE la Directiva Marco del Agua (DMA) (DOCE, 2000), una herramienta básica para la gestión del agua, en un marco más sistémico del que se venía haciendo hasta entonces. Las expectativas puestas en este marco legislativo fueron muy grandes. En primer lugar porque se superaba el enfoque parcial que, hasta ese momento, se tenía en cuanto a la gestión del agua y que llevaba a promulgar directrices para solucionar problemas muy concretos sobre sus usos. En segundo lugar, porque exponía claramente que satisfacer, sin medida, la demanda de agua que exigían los distintos sectores económicos no era la misión de las administraciones que la gestionaban, sino que su objetivo debía ser mantener en buen estado los ecosistemas acuáticos. Y, en tercer lugar, porque incorporaba la participación pública en el diseño de las políticas del agua y sobre todo en los procesos de toma de decisiones.

Sin embargo, en España no se han cubierto totalmente las expectativas abiertas por esta directiva, fundamentalmente porque para su desarrollo e implantación se requería, como paso previo, un cambio drástico en la estructura organizativa y en los componentes de la administración pública del agua. Y esto, hoy por hoy, no se ha producido.

La gestión sostenible del agua y de los ecosistemas acuáticos hay que integrarla en el espacio territorial que constituyen las cuencas hidrológicas, conexionando y coordinando las políticas hidráulica, agrícola y forestal. El ‘Blueprint to Safeguard Europe’s Water Resources’ (conocido como ‘Blueprint’), aprobado a finales de 2012 (European Commission, 2012c), establece la hoja de ruta en los próximos años, con diversos retos, para permitir la correcta coordinación entre políticas sectoriales (política agraria, directivas de protección ambiental, cambio climático, etc.) y la consecución de los objetivos iniciales establecidos por la Directiva Marco del Agua.

Más allá de mantener el buen estado de los ecosistemas acuáticos se hace necesario, para el bienestar humano, gestionar para conservar la funcionalidad de los ecosistemas acuáticos y sus cuencas hidrológicas.

¿Alguna opinión por ahí?

 

 

Comentarios (2)Add Comment
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escrito por Hídrico, marzo 22, 2014

Bravo por las articulistas. Datos, ideas y reflexiones realistas frente al vacuo y maniqueo 'Agua para todos'.
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escrito por David, marzo 22, 2014
A la pregunta que encabeza el artículo la respuesta es evidente: un SÍ rotundo... pero es que además, actualmente es una necesidad y una obligación que, como comentan las autoras, viene de los compromisos legislativos que España asume por estar en Europa... el problema es que es muy difícil hacer cumplir esta norma, ya que los enormes intereses económicos y políticos que hay detrás del "recurso agua" en este país han llevado al traste con la aplicación real de la DMA... solo hay que fijarse en la cuenca del Segura... ¿quien manda en la gestión del río y sus principales embalses? ¿cuantas centrales hidroeléctricas hay repartidas por toda la cuenca? ¿a cuantos turistas hay que dar de beber durante todos los veranos? ¿cuantos miles de toneladas de frutas y hortalizas se exportan al año en esta región? ¿cuantos millones de euros se ha gastado la CHS en el proyecto de recirculación de agua en el Segura su paso por Murcia? ¿No hubiera sido más justo hacer cumplir los mandatos de la DMA para fijar unos caudales ecológicos? Y así podríamos estar toda la tarde...

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